Polígonos industriales.

Si pasamos por delante de alguno de los miles de polígonos industriales que hay en España o nos metemos en ellos y damos una vuelta, lo primero que veremos es que a parte del cambio del nombre, todo es igual: una tediosa repetición de fachadas y cubiertas solucionadas con los mismos sistemas constructivos, sin ningún interés en el desarrollo de nuevas tipologías, composiciones o estética.

Imagen extraída de revistadelacarolina.com

Si bien se suele criticar, en muchos casos con razón, de los Arquitectos que centramos nuestra atención en cuestiones formales dejando de lado el presupuesto, bien podríamos achacar a los ingenieros que, en aras de una estructura basada en la lógica y la economía, han convertido los polígonos industriales en espacios sin alma, ni atracción ninguna más que la puramente económica, olvidando conceptos tan importantes como la composición y la armonía, que hacen que el hombre, el usuario de esa construcción y de su entorno esté a gusto y feliz en su espacio de trabajo.

No obstante lo dicho, considero que dedicar una gran parte del proceso proyectivo a cuestiones de diseño como la composición de las fachadas y de la cubierta, la apertura de huecos y el tratamiento de la iluminación, no tiene porqué suponer un aumento de los costes de construcción y sí una mejora en la calidad del edificio, que repercutirá en cómo desarrollan su actividad los usuarios del mismo.
  

En el momento en que los ingenieros comprendan y aprendan esto, podrán dedicarse entonces a construir edificios para el resto de usos tal y como pretende la futura Ley de Servicios Profesionales que prepara el gobierno. Aunque pensándolo bien, en el momento en el que un ingeniero quiera aprender esto, lo que en realidad querrá ser es arquitecto y no ingeniero, por lo tanto, ¿para qué  darle más vueltas?

Comentarios